

Si bien cada quién está en sus urgencias y objetivos propios, muy lejos de nuestras vidas suceden acontecimientos que pudieran afectarnos. Este es el caso de los conflictos bélicos actuales, en donde a través de pujas se reordena el mapa geopolítico, luego que Norteamérica perdiera su posición primera de dominio económico, político y armamentístico, ante crecientes nuevas potencias.
A grandes rasgos, tanto lo que sucede en Ucrania como ahora en Irán, es una medición indirecta de fuerzas entre EEUU, Europa e Israel, frente a Rusia, China y Corea del norte. Pero lo que ocurra en la región del Golfo Pérsico podría determinar el normal funcionamiento de todo Occidente, por tratarse de una de las regiones petroleras más importantes y cualquier disminución en la cadena de distribución perjudicaría más temprano que tarde a Europa, África, Hispanoamérica y a Estados Unidos mismo. Nuestro modo de vida social, individual y sobre todo urbano, depende del petróleo y el gas, dos elementos hoy en riesgo.
La consecuente escasez de los derivados del “oro negro” como los fertilizantes, pondría en peligro las futuras grandes siembras y cosechas por las que el mundo se alimenta. Como consecuencia inmediata, la inflación y suba del combustible encarecería todos los productos que se transportan, en especial los alimentos. Las ciudades podrían encontrarse desabastecidas y convertirse de la noche a la mañana en una trampa.
Asistimos como testigos a un serio riesgo de crisis económica global como nunca antes sucedió. Es que las noticias no paran de escalar el conflicto no día a día, sino hora a hora. Y a este mediados de abril se suma la captación de Rusia de producción de armas en Europa con el fin –según los rusos- de iniciar una ofensiva contra ellos, algo que podría derivar en un nuevo gran frente de batalla.
Algunos hablan de que nos encontramos atravesando la 3ra y/o 4ta Guerra Mundial. No sabemos, lo cierto es que sería mejor prestar algo de atención a lo que ocurre afuera, para en lo posible, nada nos encuentre totalmente desprevenidos.
Pablo Medina / DM23





