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Existen filmes que generan un antes y un después en el concepto de arte reflejando realidades dentro de un marco de ficción, y que las mismas nos sitúen en un punto de comprensión sin odios de todo aquello que hoy por hoy, resulta materia carente dentro de la humanidad: La conciencia

Y ese sentimiento muchas veces abordado por el séptimo arte, explota en jerarquía, intención y dignidad plena en esta obra arquitectada por una realizadora de las mejores de los últimos tiempos, que mezcla calidad técnica y profundidad desde sus realizaciones. La oriunda de Túnez, Kaouther Ben Hania, quien supo construir la primera película tunecina en ser nominada a un Oscar (El hombre que vendió su piel/2020), toma una responsabilidad sin precedentes realizando un producto que sin lugar a dudas lleva el premio moral de todos aquellos que poseen la oportunidad de verla, conjugando el criterio exacto a la hora de definir un mal mayor, sin eufemismo alguno. El argumento narra la historia verídica de Hind Rajab, una niña palestina de cinco años que huyó de la ciudad de Gaza con su tío, tía y sus tres primos en un coche. El vehículo fue atacado por un tanque israelí, y solo la niña sobrevivió. Durante horas, Hind permaneció sentada en el vehículo averiado y mantuvo contacto telefónico con el personal de la Media Luna Roja Palestina, que intentó calmar a la asustada niña. Este trabajo resulta un film por demás crudo, sin lugar a dudas, pero necesario a la hora de comprender los escenarios sociales de este nuevo tiempo y el nulo escrúpulo que presentan los poderes dispuestos a avasallar de modo sistemático todo derecho humano. Una historia que se encuentra detallada y desarrollada a través de las sensaciones y sentimientos de los trabajadores del centro de la Media Luna Roja en Ramala (Cisjordania) organización que realmente merecen el Nobel de la Paz por su suprema acción, que son quienes atendieron la desesperada llamada de la niña pidiendo auxilio. El que-hacer ante límites situaciones que conllevan a la toma de decisiones drásticas establecen una de las estructuras de la obra: todo se desarrolla dentro de la oficina del organismo citado y a través de inmensos primeros planos secuenciales podremos contemplar la permanente tensión que se vive, haciéndonos ingresar a la misma en la espera de un desenlace positivo, que quite la angustia del suceso. He allí donde tala el oficio real de la cineasta que genera algo realmente impactante a través del impacto que le generó conocer esta historia: el mismo estado de conmoción supo llevarlo a la pantalla trabajando el modo visual a través de cristales que permiten contemplar las diversas reacciones de los protagonistas y una línea narrativa nada sencilla, poseyendo una virtud absoluta: en ningún momento cae en el golpe bajo ni en establecer una enmienda panfletaria.

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Actores palestinos, vestidos de negro, llevando una foto de Hind Rajab, durante entrega de premios

Otra de las estructuras centrales y tal vez la más importante es establecer todo aquello que no se ve. En la línea de la inmensa obra del Británico Jonathan Glazer (La zona de interés/2023) Las imágenes de las reales llamadas que la niña realizó con los paramédicos, el silencio perfectamente manejado nos brinda el aditivo de imaginar una situación inenarrable, impulsando aquella consigna que sostiene que resulta más impactante y poderoso lo que no se ve, que lo que se pueda mostrar. Un elenco a la altura de la realización, un suspense y el dolor en cada cuadro visual, sostiene a la voz detrás de un teléfono. Aquella voz es la de Hind. Y la de miles de niñas y niños y familias que muy lejos o muy cerca, piden vivir una vida en paz a cada línea política-económica de la tierra. Aquella voz resulta ser la abanderada de los sin voz, los que sufren los embates, destrucciones y muertes por parte de los amos del planeta, los que a diario transitamos tal vez una vida lejos de extremas realidades, pero a punto de poder vivirlas dentro de un contexto humano/social cada día más decadente. Pese al dolor que se percibe de modo permanente “La voz de Hind Rajab” sostiene la esperanza que, desde la memoria y la verdad, todo podemos cambiar, y una señal más de alerta que nos hace ver que fuera del confort y de nuestra quintita, existen otras realidades y que debemos ser condescendientes con las mismas. Sus escenas finales brindan un marco de reflexión y análisis y los audios reales, el sentimiento de Omar, el eje de la muerte sin sentido, la tragedia que contemplamos por TV y que continúa repitiéndose a diario en una de las tantas zonas calientes del planeta, la ética y compromiso artístico de sus realizadores, lo paradójico y anacrónico de escuchar sostener por la niña en una de las conversaciones que era parte de “Niños Felices” un jardín de la zona ocupada y demolida. Cada actor interpretando a una persona que estuvo de modo real dentro de la dramática situación, forman parte de uno de los principales productos imprescindibles para ver la consecuencia del oscurantismo político y económico de determinadas líneas políticas y sociales. Y el recuerdo del niño en la secuencia final de la gigante obra llamada “The Wall”, eliminando orín de un frasco. Intentemos de a poco, erradicar tanto dolor concebido. En Homenaje a la niña Hind, y a todas las familias víctimas de los demoníacos procesos militares a través del mundo todo.

Hugo Bertone

Enlace para ver la obra:

https://minochinos.com/embed/ovprb2z6dzic

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